-¡Oh, madre! ¡ Me ha salido un pelo!-
dijo el pequeño surubí.
En efecto, una mañana de abril de
milnovecientos y pico, un jovencisimo surubí que nadaba como todos los días en
el Río Paraná se descubrió un pelo en la cabeza. La madre se sorprendió
bastante-ya se sabe- los peces no tienen pelos. Pero como hacen todas las
madres, enseguida lo mandó a peinarse y listo.
Así empezó la mayor rareza de la
historia peluda y acuática.Porque ese pelo era apenas el principio de muchos
otros pelos que vendrían. Y no sólo para el surubí, sino para todos los demás
peces del río.
La causa era bien simple:
El marinero de un remolcador había
volcado en el agua por accidente, un frasco de tónico capilar. El pobre ni se
imaginó las novedades que eso iba a producir en el fondo del río.
A los armados les salió una melena
enrulada. A las rayas, una cabellera larga y lacia. Los patíes y los dorados
empezaron a peinarse con flequillo. Al principio se sentían raros con la nueva
facha, pero después todo el mundo estaba encantado de sus pelos.
Las hijas más chicas de una familia de
rayas salían de paseo con trenzas. Las palometas y las viejas del agua se
hicieron la permanente.
Nadie hablaba de otra cosa.
-¡Qué bien te queda el brushing,
Ernestina!- le decía una boga a su amiga- Yo hoy tengo el pelo horrible con
tanta humedad.
Y también: en cada esquina había una
peluquería. Y en cada peluquería los peces se ondulaban, se alisaban, se
cortaban, se estiraban, se teñían, se afeitaban, todo mientras leían revistas.
Entre los juncos crecieron grandes
fábricas de peines, peinetas y gorras de baño; champúes y fijadores; de
vinchas, hebillas y secadores de pelo.
Pero nada dura para siempre...Y un día
todo terminó como había empezado.
Una señora que volvía de las islas en
una lancha, dejó caer en el agua un frasco de crema para depilarse. Destapado,
el frasco. Y así fué como los hermosos pelos empezaron a desprenderse de las
cabezas.
Primero vinieron las calviciesy, poco a
poco, avanzó la peladez.
El disgusto de los peces fue enorme. Era
lógico: habituados ya a sus melenas, se veían feos sin ellas.Y no había peluca
que parara semejante desastre.
Muchos , para disimular, se raparon la
cabeza y se hicieron punkies o cantantes de rock pesado. El único que conservó
restos de la era pelosa fué el bagre, que aún hoy tiene bigotes.
Así, los peces volvieron a ser como han
sido siempre: calvos como huevos.
Pero todavía hoy siguen sin entender qué
les pasó y por qué los pelos son cosas que aparecen y desaparecen tan
locamente.
Por eso para evitarles problemas es
mejor no tirar cosas al Río.
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